domingo, 23 de septiembre de 2018
Recuerdos
Recuerdos
(Un "Recuerdo" robado a algún desconocido)
La mesa del bar tiembla cada vez que apoyo mis manos.
Estoy tentado de doblar el sobre del azúcar bajo la pata, pero cuando decido hacerlo me doy cuenta que tomo sacarina y el sobre es muy pequeño para hacer de cuña.
En una de esas el café se desborda encharcando el plato.
Miro a la gente de soslayo tratando de disimular mi torpeza, y te veo.
Te recuerdo. Esos ojos no mienten, aunque entonces lo hicieron.
Y al verte me da un vuelco el corazón, como la mesa, y la memoria se me encharca, no de café, sino de recuerdos.
Entonces fueron dolorosos, ahora son solo tristes recuerdos.
Ya sabes lo que dicen, el tiempo lo cura todo. O tal vez somos nosotros que nos hacemos más fuertes.
Llegué a pensar que fue culpa mía. Que podía haberlo evitado.
Sabes, el tiempo también te deja reflexionar y descubrir quien es quien en este juego.
Pero no creas que te guardo rencor. Ninguno.
Te veo y veo que a ti te ha ido peor.
No me alegro. Aún arde un ascua en algún pliegue de mi cerebro. Pero solo ahí, en mis recuerdos, porque mi corazón está lleno.
Has cambiado, pero eres tu. Yo también he cambiado, pero no soy ese de ayer.
Vivimos tantas cosas. Hicimos tantos castillos en el aire. Y tu, quitaste los cimientos. Y yo recibí los golpes de los escombros en mi cuerpo.
Y me dejaste allí debajo, con apenas un minúsculo rayo de luz al que aferrarme, con secuelas que creí serían de por vida. Que equivocado estaba.
Aparté poco a poco las piedras que dejaste.
Arranqué las flores marchitas que plantamos.
Rasqué las paredes de mi vida, quitando tu antiguo gotelé, y las volví a pintar lisas, a mi gusto.
Todo eso ya es pasado. Y tu recuerdo, tus recuerdos, solo han durado un segundo, el segundo de nuestros ojos al encontrarnos.
Y sí, has iluminado el local, como si fueras un faro, pero ya has pasado. Ya no me guías.
Mi mesa ya no cojea, tengo alguien que me sostiene. Y aunque tu ascua aún eche humo en algún viejo armario del desván de mi cerebro, tengo una hoguera entera que me calienta alma y corazón.
Con una mano remuevo el café, esperando que la sacarina se deshaga. Mi otra mano ya no te busca como antaño. Está más arrugada y envejecida, sujetando otra mano, compañera en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza.
Y aunque parezca que el café me revive, no es más que un mito.
Lo que me da la vida son otros ojos, los que sujetan mi mesa, los que me agarran con fuerza y me iluminan la vida entera.
Te levantas. Pasas a mi lado. Tengo dudas. ¿Te saludo?
-¿Que tal? Cuanto tiempo. Te veo muy bien. (Miento)
-Perdone, pero creo que se ha equivocado. (Mientes)
-Disculpe. (me recuerda tanto a una mujer que conocí hace ya algunos años... Pienso. Como en la canción)
Sales del bar y de mi vida.
Y yo continuo la mía, guardando (tus) los recuerdos, que aunque malos, también son míos, junto a tu humeante ascua. Perdidos en el olvido.
Pd.: Toda historia tiene su(s) protagonista(s).
Algunos solo viven durante ese breve tiempo que tardas tú en leerla.
Otros, aunque sujetos por un fino hilo a la memoria de alguien, viven para siempre.
¿Recuerdas aquel baile?
Se sentaban siempre en la misma mesa del bar. Junto a la ventana. El más joven tomaba un café solo con azúcar. Antonio, más mayor, un cortado con sacarina. Les gustaba ir a esa cafetería y hablar. Hablar de la vida.
-Que bien lo pasamos ayer. ¿Verdad Luís?
-Ya lo creo Antonio. Aunque yo estaba un poco “contentillo” y no recuerdo muy bien qué pasó. Me pasé con las copitas de moscatel ¿Por qué no me lo cuentas? Me ha contado un pajarito que triunfaste.
-Eso espero, Luís. Pues mira, después de la cena nos fuimos al baile. Y estaba la chica esa que te dije. La rubia. No recuerdo ahora como se llama.
-¿Carmen?
-Sí. ¡Carmen! Es tan guapa. Estaba con su amiga. La bajita. Haría buena pareja contigo.
-Otro día igual me lanzo.
-Yo lo hice ayer con Carmen. Me atreví y la saqué a bailar. Llevaba ese vestido que le sienta tan bien.
-¿El morado?
-Si, ese. Bailamos toda la noche. El pasodoble, el chachachá, hasta unas sevillanas. Si te digo la verdad, las sevillanas no son su fuerte. ¡Me pisó dos veces! Que risa... Si. Su risa es encantadora.
-Ya vi como la mirabas y la cogías de la cintura.
-Y ella se dejaba. Pero no pienses mal. Es una chica muy decente y buena. Creo que trabaja en la panadería de la plaza.
-Sí. Allí es donde compras el pan. Será por eso que solo te gusta el pan de esa panadería.
-Y luego la acompañé a su casa.
-¿Y la besaste?
-No, no. Es pronto todavía. Pero a no muy tardar lo haré. ¿A ti que te parece?
-¿A mi? Creo que Carmen es perfecta para ti. Es la mujer de tu vida. No encontrarás ninguna igual. ¿Y sabes una cosa?
-¿Qué?
-Carmen es la mejor madre que he podido tener, papá.
El café se acabó. Y Antonio, cerrando los ojos, volvió a bailar con Carmen en la verbena del pueblo. Miguel, su hijo, le cogió la mano. Le habría gustado conocer a Luís, el mejor amigo de su padre. Mañana, le contará otra aventura como si la hubiera vivido ayer.
jueves, 30 de marzo de 2017
POESÍA
Hace unos días que fue el día de la poesía y no he escrito nada al respecto.
Será que lo único que tengo de poeta es que a veces me dejo abierta la bragueta.
O será que como no tengo la poesía como amiga en Facebook no me avisó que era su cumpleaños.
Hay quien adiestra las palabras con un lápiz y a modo de látigo las pone firmes, las hace pasar por aros de fuego, las pone a bailar y las transforma en canciones sin música.
Yo en cambio tengo que atraparlas, porque huyen de mi en un intento de salvación desesperada, y solo logro tejer una caótica tela de araña borracha.
Soy como el Homer Simpson albañil de barbacoas pero metido a escritor.
Me siento una pequeña hormiguita mirando hacia arriba intentando averiguar como escalar unas gigantescas letras en donde en vez de "Hollywood" forman la palabra "ESCRITOR".
Y me siento pequeño, y sigo leyendo a otros, intentando aprender algo, pero lo único que consigo es hacer crecer mi desesperación, y mi envidia (sana).
Y lo intento. Lo juro por imperativo legal. Pero no hay manera.
Quizás sea el choque entre mi maldito yo perfeccionista y mi yo polifacético que acabo haciendo poco y mal.
Quizás tendría que parar un poco mi tren. Apretar un poco el freno antes que salte el radar y me caiga una multa por exceso de errores repetitivos.
A veces paro unos segundos, solo unos, lo pienso y recuerdo esas novelas nunca escritas, no por falta de ideas si no por no saber plasmarlas en el papel, y en esos dibujos inacabados porque un día mi talento se fue a tomar por... vacaciones y no ha vuelto.
Aún así, con mis pocos aciertos y mis muchos errores seguiré intentándolo. Seguiré escribiendo"CosasQueHacerAntesDe..." y tal vez algún día las haga. Aunque sea regular. Solo por tachármelo de la cabeza.
Sí, hace unos días fue el día de la poesía pero el único poema que soy capaz de escribir es con mi cámara.
Ya lo dijo algún sabio, "una imagen vale más que mil palabras"
jueves, 2 de marzo de 2017
HOY NO QUIERO HABLAR DE MI.
Con frágiles grilletes invisibles que cada vez me aprietan más y no consigo romper ni abrir.
Con muros de papel film transparentes imposibles de quebrar.
Con aire que me llena los pulmones y me ahoga, me paraliza y no me deja respirar.
Con el corazón que a veces me late desbocado sin ninguna explicación... aunque yo se que la hay.
Con mi pesimismo creciendo, comiéndose a bocados mi pobre optimismo.
Ni hablaré de él.
Ese ser que nunca podré ser.
Ése que me habla al oído todos los días.
Ése que me tienta, que se esconde entre los pliegues de mi cerebro, y busca mis neuronas para manipularlas a su antojo. Ése que desde otra dimensión está unido a mi por un fino pero irrompible hilo de plata, del que cada vez tira más fuerte... y más fuerte.
Ni hablaré de ellos, los seres invisibles que me rodean.
Los que no veo ni siento ni creo, pero que dicen que están ahí.
Hoy no quiero hablar de mi.
Hoy, como cada día, daré la cara, la mejor cara que puedo dar.
La que veo en el espejo.
La que plasma mi cámara.
La que quiere ver el mundo.
La otra... la otra quedará dentro, escondida donde siempre ha estado, donde debe estar.
No. No me lo pidáis por favor.
Hoy no quiero hablar de mi.
martes, 20 de diciembre de 2016
Podía.
Podía desplegar sus blancas alas y volar lejos de allí.
Podía huir de tanta maldad, tanto dolor y tanto, tanto odio.
Podía mirar hacia otro lado e ignorar el sufrimiento del pequeño y vulnerable planeta Tierra.
Podía olvidarse de los humanos y reunirse con sus hermanos más allá de las nubes.
Podía pero no lo hacía.
Amaba demasiado a esos pobres seres (a veces tan inhumanos).
Tocar el cielo con las manos.
Casi,
casi podía tocar el cielo.
Alargó la mano y rozó una punta.
El Fénix desplegó sus grandes alas.
Él le pidió que volara. Que lo llevase más allá de las nubes.
-¿Por qué quieres subir más? ¡Ya estás muy alto! -¡¡No!! Quiero tocarlo. Quiero que el cielo me envuelva.
-¿Y cómo sabes que no lo estás tocando? ¿Dónde empieza el cielo?
Tu déjate llevar. Cierra los ojos. Siente el viento... Y sueña.
Alargó la mano y rozó una punta.
El Fénix desplegó sus grandes alas.
Él le pidió que volara. Que lo llevase más allá de las nubes.
-¿Por qué quieres subir más? ¡Ya estás muy alto! -¡¡No!! Quiero tocarlo. Quiero que el cielo me envuelva.
-¿Y cómo sabes que no lo estás tocando? ¿Dónde empieza el cielo?
Tu déjate llevar. Cierra los ojos. Siente el viento... Y sueña.
Un día más.
Un día más que me levanto y sigo igual que ayer, pensando en una nueva historia, un nuevo relato, una aventura no vivida y no siempre deseada.
Un día más y nada. Vacío. Ecos. Solo polvo suspendido en el aire.
Un nuevo amanecer como el de ayer, tal vez más frío...frío como lo está mi cerebro.
Será el trabajo intenso de estos días?
Será que las musas se tomaron unas (merecidas) vacaciones?
Será la falta de sueño?
Será que mi poco talento lo he agotado con el trabajo de mis manos?
Seré yo, que he consumido todos mis recursos creativos inventando (o como se dice ahora: reinventando) nuevas viandas?
Será que quiero contar tanto que no cuento nada?
Será que este es el fin?
...
Y mientras tanto Tiziano me susurra al oído "Arriverà la fine, ma non sarà la fine..."
El amor es una cosa simple.
Quiere dejar escrito su último deseo, pero ni eso puede hacer.
Todo a su alrededor está roto.
La música en sus oídos le rompen poco a poco los tímpanos.
Las gotas de lluvia se rompen contra el cristal.
Los días se rompen cada segundo que pasa.
Y solo le queda suplicar al cielo un pegamento, una cinta adhesiva...un sacapuntas que, aunque lo haga más pequeño, le devuelva la vida, o las ganas de vivir...
.
Y mientras tanto Tiziano Ferro le susurra al oído "L'amore è una cosa semplice..."
Cuantas historias.
La nuestra, que seguro cambiarías.
La de un familiar o un amigo.
La del protagonista de tu serie preferida, que tal vez incluso envidias.
Y la de ese personaje, puede que no muy importante, que un día salió de la mente de un escritor y que tu al leerlo lo haces tuyo, te identificas, le coges cariño e incluso lo echas de menos cuando el libro a llegado a su fin.
Son estas, las historias de los personajes de los libros las que más me gustan. Y a veces quieren salir.
Había llegado el otoño
Ella lo sabía. Llevaban tantos años juntos, toda una vida, que ya sabía como estaba antes de que él se lo dijera. No podía ocultarle nada.
Cuando ella le preguntó cómo estaba, él le respondió que bien, sabiendo de antemano que no le creería. En realidad estaba deseando que se lo preguntase para poder atajar ya la situación.
Realmente nada los ataba. No había ni una ley, ni papeles, ni firmas que los uniera de por vida. No habían hijos. No había perro, ni casa ni coche compartido. Solo la palabra dada. Y él quería romperla.
Necesitaba borrar esa promesa dada entre sábanas, sudor y gemidos.
Cuando la conversación terminó, ella se quedó callada. No sabía que decir. No estaba preparada para esto.
Él , despojado de una mochila cargada, siguió mordiéndose el labio, esperando.
Ella, poco a poco se fue dando cuenta de la situación, que lo que creía que era un perenne amor en realidad era caduco, y que el otoño había llegado a su vida.
martes, 4 de octubre de 2016
QUERIDO DIOS...
¿Estás ahí?
No sé si me oyes. Seguramente mi voz se pierde entre la multitud que te habla, con tantos idiomas y dialectos que te harán imposible atendernos a todos. Te recuerdo que la Torre de Babel la creaste tú. No nos culpes también de no entendernos entre nosotros. Al menos de eso no tenemos la culpa.
Si me oyes mándame una señal. Si, ya lo sé, no soy muy original. ¿Pero qué quieres que haga? ¿Que crea que mis plegarias te llegan sin tener ninguna prueba fehaciente? ¿Dónde están las dos rayas azules para saber que me lees? Soy demasiado racional y mi lema es "si no lo veo no lo creo". No rayitas, no recibido.
¡Ah! La Fe. No, eso de la Fe no va conmigo. Las montañas no se mueven por la Fe, sino por los constantes movimientos de las placas tectónicas.
Seguramente te estarás preguntando por qué te escribo si no creo en ti. La respuesta es fácil: quiero creer en Ti. Quiero pensar que existes, que estás ahí. Pero tengo la sensación que Tú eres el primero en evitarnos. En no hacerte ver, ni oír. No quieres que te agobiemos ¿Verdad?
No te pido un milagro. Aunque sería un milagro si me concedieras uno solo de mis deseos. El más difícil. El que ninguna cuenta corriente puede conseguir. No hace falta que te diga cual es ¿no? Eres Dios. Tú lo sabes todo.
Lo que te pido es una respuesta. Una explicación. Tú me creaste. (No lo digo yo, lo dices Tú) Entonces Tú sabrás la respuesta a mi por qué. ¿Por qué Dios? ¿Por qué?
Cierro los ojos y no estás.
Los abro y tampoco.
Querido Dios, ¿Dónde estás?
martes, 6 de septiembre de 2016
ATRAPADO ENTRE TUS GARRAS.
Te
escabulles. Te escondes.
Cuando te busco no te encuentro.
Cuando
te necesito te volatilizas.
Y cuando me hago a la idea de que ya
no me quieres, apareces de la nada y refriegas tu cálido cuerpo
contra mi piel desnuda.
Te metes por todos mis íntimos rincones,
demostrando tu sinvergonzonería.
Me haces cosquillas con tu cola,
flirteas con tus largos bigotes, y mientras yo, aguanto mi sonrisa
picarona.
Me miras con ojos de falsa humildad.
Y ronroneas ante
mi pasividad.
Y sin poder evitarlo, y porque no me da la gana
evitarlo, me entrego a ti.
Y vuelvo a respirar tranquilo,
sintiendo tu calor en mi piel, perdonando todos tus devaneos.
Me
tienes atrapado entre tus garras.
martes, 30 de agosto de 2016
CHASS!!
Sin avisar. Como siempre.
Así de golpe me topé con Ellas.
No lo podía creer. ¿Pero qué esperaba? ¡Qué iluso soy!
Ellas son así.
Ya me lo advirtieron la última vez que se presentaron, también sin una carta, ni una llamada. ¡Ni un WhatsApp!
Apareceremos cuando tú, incrédulo mortal, tú, hombre de poca Fe, tú, pesimista reconocido, tú, menos te lo esperes.
Hoy me han demostrado que Ellas cumplen su palabra.
Ellas son así.
Ellas son auténticas.
Cuando me he dado cuenta ya me habían sentado en una silla y colocado delante de mis narices mi más conocida archienemiga, la hoja en blanco.
Y como por arte de magia, ¡cómo si no!, de mi mano surgió un sexto dedo con la punta de mina muy afilada, como a mi me gusta. Ellas me conocen muy bien.
Mis ojos se quedaron mirando el papel en blanco, y me dejé llevar por sus manos invisibles. Mi mano comenzó a escribir como si hablara con los muertos, como un médium, en un imparable frenesí de escritura automática. Como en trance.
Y comencé esta locura. Era un tren sin frenos. Mi mano se deslizaba sobre el papel como si fuera un cubito de hielo sobre un lago blanco congelado. Sin dejar de moverla, para que no se quedara pegada como lo harían dos hielos, plasmé mis pensamientos que Ellas me dictaban.
Lo habían vuelto a hacer.
De nuevo Ellas obraron el milagro.
Ni los santos ni las brujas.
Ni rezos ni sortilegios.
Ni penitencias ni pócimas con pelo de gato.
Ellas son las únicas capaces de sacar de mi, lo que yo me empeño en esconder.
Se meten en mi cabeza. Rastrean el laberinto de mi cerebro. Apartan mis más ridículos pensamientos, mis retorcidos deseos, mis amargos recuerdos... Y mis inconfesables secretos.
Y consiguen que mis historias, mis microrelatos cobren vida. Y en cada uno de ellos, un microtrocito de mi se queda para siempre entre mis letras escritas.
Y mi muro de las lamentaciones, allí donde lloro mis penas, se va destruyendo ladrillo a ladrillo. Sin prisa pero sin pausa.
Ellas consiguen lo que nadie ha podido hacer nunca.
Ellas me inspiran. Me hacen llorar. Me hacen reír. ¡Me ponen los pelos de punta!
Ellas, mis musas, cuando quieren, hacen ¡Chas! Y aparecen a mi lado.
sábado, 27 de agosto de 2016
LA MALETA
-Buenos días caballero.
-Está usted de paso por la ciudad?
-Estoy de paso por el mundo.
-Ah! Y esa maleta? Parece pesada.
-No, realmente la maleta no pesa mucho. Lo que pesa es lo que lleva dentro.
-Entonces es usted vendedor o lleva sus pertenencias ahí dentro?
-Pues ni lo uno ni lo otro. Ni vendo, ni tengo pertenencias.
-Pues ya me dirá usted cómo puede pesar tanto esa maleta!!
-Tenga. Sopésela usted un momento. Pesa?
-La verdad es que no pesa nada. No me dijo que su interior era muy pesado?
-Si. Y lo es.
-Pues no lo entiendo.
-Esta maleta está llena de sueños. Y por lo que he podido comprobar, usted querido mio, no tiene ninguno.
-Yo soy un hombre del momento. No me alimento de sueños e ilusiones. Eso es para las personas que no viven la realidad.
-Pues entonces caballero, usted y yo no tenemos más que hablar. Porque en mis sueños no caben gentes con la mente cerrada y el corazón de piedra.
-Buenos días tenga usted. Y cuidado con lo que sueña, no se haga realidad.
-La realidad es muy dura y mis sueños, sueños son. Buenos días caballero.
martes, 9 de agosto de 2016
LA TELA DE ARAÑA
Tu cordón de plata iría desde tu casa hasta tu destino, cruzándose con los cordones de tus vecinos, del tendero, del conductor de autobús.
Trazarían líneas paralelas, perpendiculares y algunas curvas.
Formarían triángulos, cuadrados y trapecios.
Todo esto a distintos niveles, según la altura de la persona. Y transformarían esas figuras geométricas en cuerpos geométricos tridimensionales, cubos, tetraedros (pirámides) o dodecaedros (como los diamantes).
¿Te lo puedes imaginar?
Sales a la calle y miles de cordones de plata te circundan, por delante, detrás, por arriba, por abajo.
Estás en medio de una gran tela de araña formando miles de figuras en un caos como si hubiera sido tejida por una araña borracha.
Pero sales dispuesto a todo.
A comerte el mundo.
Y tu fuerza destruye esos hilos invisibles a cada paso que das, creando a su vez tu propia tela de araña tras de ti.
TU ME IGNORAS
Cada día me ignoras.
Paso por delante de ti y me rechazas.
Te miro, te admiro, te hablo, te alago... y me desdeñas.
Te nutro, te hidrato, y tu... y tu me desechas.
Me introduzco en tus pupilas que miran más allá de mi, busco algo en ti en que poder aferrarme para ganarte la batalla. Pero no veo más que tinieblas y la sombra de lo que fuiste. Y te grito desde dentro con todo mi ser y tu, tu... me desoyes.
Y cuando decides actuar. Cuando por fin tus ojos me miran, soy transparente, no me ves. Y prescindes de mi.
Caminas despacio como solo los de tu calaña saben hacer, con chulería, y garbo, y me atraviesas.
Y yo, ignorado por ti, e ignorante que soy, sigo mi camino solo. Pero olvidándote a cada paso que me aleja de ti.
Y te ignoro... hasta mañana que volveré a verte y tu volverás a ignorarme.
Es nuestro juego.
jueves, 4 de agosto de 2016
SENSACIONES
Emociones que cada uno siente y que quedan en secreto.
A veces tu cuerpo reacciona con un escalofrío, tu piel se vuelve rugosa y los pelos se te ponen de punta, o un "nosequé" hace temblar tu estómago.
Son sensaciones muy intimas que en la mayoría de las veces guardas solo para ti.
A mi me pasa a veces cuando empiezo un libro. Es la emoción de emprender un viaje a otro mundo, a conocer gente nueva, o a ser otra persona. Esto último solo se consigue si el autor logra que te identifiques con uno de sus personajes.
A veces cuando acabas el libro, te preguntas que pasará con el protagonista. Qué le deparará el futuro. Y pasados unos días te das cuenta de que lo echas de menos, aún cuando ya te has sumergido en las páginas de otro libro, y ya has conocido a otros personajes.
Pero al final, lo olvidas. Y de vez en cuando lo vuelves a encontrar en un recuerdo. Un recuerdo que no es tuyo sino de él.
Y otras veces lo encuentras en un libro que aunque es nuevo sus personajes son antiguos. Y te alegras de volver a verlo (a leerlo).
martes, 2 de agosto de 2016
EL ÁNGEL
Un ángel. Eso es lo que era.
Un ángel que estaba perdiendo las alas. Se le iban poco a poco borrando, haciéndose transparentes. Sus preciadas alas con las que tanto presumía. Sus enormes alas blancas con las que podía abrazar dos cuerpos, ahora eran pequeñas y grises.
Su halo de pureza se reducía día a día. Su brillo deslumbrante de antaño ahora era un simple círculo de humo grisaceo.
La oscuridad iba envolviendo todo su ser. La luz que su cuerpo transmitía se apagaba irremediablemente. Esa luz que un día fue tan potente como una bombilla de 200 watios ahora no era más que un cutre led de luz tenue, apagada, y sin apenas vida.
¿Qué había hecho para merecer esto? ¿Dónde había fallado?
Se había olvidado de su misión en la tierra. Él estaba al servicio de los Humanos. Eso era lo que su Jefe le encomendó. Y se olvidó.
Pero no era solo culpa suya. Su Jefe se olvidó mucho antes de los seres que un día creó.
jueves, 14 de julio de 2016
LA CARTA
Cuando llegó a su
casa y abrió el buzón no lo podía creer. Entre el catálogo de
ofertas del super, la información de sus extractos bancarios y el
flyer de la pizza familiar a solo 5'95€, encontró un sobre sin
remite, con sello de los que se pegan con saliva, y su nombre y
dirección escritos a boli bic cristal.
¿Cuánto tiempo hacía
que no recibía un correo no electrónico?
Seguramente será una
propaganda más, fruto del marketing publicitario de una gran empresa
para dar la impresión de cercanía al cliente. Como cuando el
teleoperador de turno te llama por tu nombre de pila, a la hora de la
siesta, y a ti te gustaría estar también cerca pero para decirle
unas cuantas cosas que aquí no voy a escribir.
Cogió el
catálogo, el flyer de la suculenta pizza y los extractos bancarios y
los dejó en el banco de la cocina.
Miró el sobre misterioso. Lo
giró entre sus dedos. Leyó su nombre y dirección tres veces, para
asegurarse que ese ser en vías de extinción llamado cartero no se
había equivocado. Lo sopesó. Lo olió. Y cuando lo fue a abrir
recordó que tenía prisa, que tenía una cita muy importante y ya
llegaba tarde. Así que con todo su pesar dejó el sobre encima de la
mesita de noche, se vistió, y salió corriendo de casa.
Tras dos
horas de espera, llegó a la conclusión de que su cita ya no iba a
acudir.
Dos horas de su espera.
Dos horas de la espera de la
carta misteriosa en la mesita de noche.
Dos horas que las palabras
escritas con un boli bic cristal esperaban a ser leídas. Palabras
que explicaban porqué ni esa noche ni ninguna más habría una cita.
sábado, 25 de junio de 2016
La estrella del escaparate de una tienda perdida del Carmen
La
estrella del escaparate de una tienda perdida del Carmen. Eso es
lo que era.
Tras años y años de dura espera, había logrado ser
de nuevo la estrella. La estrella de aquella perdida tienda del
Carmen.
Había vestido miles de trajes. Desde delicados vestidos
de seda a bañadores, pasando por carísimos abrigos de bisón.
Su
estilizado cuello, ahora ya pelado, lució multitud de collares con
exquisitas piedras preciosas y perlas.
Y su pelo de un color rubio
Marilyn, ahora era de un color indefinido después de tantos
cambios.
Miles, quizás millones de ojos la admiraron. Unos con
envidia y otros con deseo. Algunos con ambas cosas.
Y después del
glamour, de los focos del mejor escaparate de la ciudad, llegó otra.
Un maniquí articulado. Articulado!!!!.
Años en un almacén. Años
acumulando polvo. Y por fin llegó una segunda oportunidad. Había
llegado la moda Vintage, y ella era de nuevo la estrella.
La estrella del escaparate de una tienda perdida del Carmen.
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